sábado, 27 de septiembre de 2014

Living is easy with eyes closed.

Sábado 2:49 de la mañana, mis pupilas dilatadas y una balada rota en la almohada.

La vida es eso que nos pasa a nosotros y a nuestras circunstancias, al tiempo que dedicamos en pensar en personas que son insignificantes dejando de lado a las importantes, somos nuestras decisiones y nuestras preocupaciones. A veces hacemos un cúmulo de agujeros negros de donde solo puede salir un rayo de luz, y no. También damos segundas oportunidades no merecidas, y pasamos por alto lo que nos molesta de alguien por no llegar a discutir.

Cedemos siempre en  nuestra vida, cedemos desde que nacemos y nos mandan salir del útero de nuestra madre y dejamos un sitio donde estamos a gusto y así toda la vida, cedecemos, cambiamos de amistades, de casa, de música, de libros, de estado de ánimo, cambiamos todo, cedemos nuestro momento. Muchas veces no valoramos a quien tenemos a nuestro lado y cuando nos damos cuenta ya no están.

Por que el tiempo es ahora, ahora es cuando nos toca decidir y dejar de ceder, manejar nuestro presente y considerar que muchas veces creemos que mejor no podemos estar cuando es mentira, tan solo nos acomodamos y nos conformamos, porque lo que vale la pena se busca en la oscuridad y lo que no vale la pena se ve con claridad, pero nos sentimos tan abrumados con la rutina y la ceguera que nos producen ciertas hormonas y estaciones que decidimos no dar más oportunidades y quedarnos así.

Podemos quedarnos así y ya está, sin descubrir la verdadera felicidad que podemos conseguir en otro lado, con otra persona, creando una nueva vida. No arriesgarnos. No saltar a la piscina. Quedarnos en tierra y sin vivir.

Sábado 3:04 de la mañana, saltaría todas las piscinas, cambiaría mi presente, descubriría mi verdadera felicidad en mi, no cedería nunca más, el problema es que no depende de mi porque yo soy yo y mis circunstancias.


Nada.

Brisa de verano, arrastra las hojas por el suelo, eres las ganas de no recibir noticias, que no nos coma el tiempo el reloj, tan solo las caricias.

Eres el impulso de cada mañana, la palpitación sobresaltada, el latido que falta en un electrocardiograma.

Eres el sol que consigue las pecas en mi cara, un susurro, una mirada, un pensamiento a las 4 de la mañana, una sonrisa, una canción, la última calada de un pitillo, el mar, las olas, las respiraciones entrecortadas, cinco minutos más en la cama, las estrellas, la luna, la espuma de la cerveza, un beso en la comisura, la dulzura, el tiempo que pasa.

Eres todo y al mismo tiempo nada.


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Hoy te he visto otra vez y me he vuelto a preguntar cuántas veces más voy a dejarme helar por el miedo.
Hoy te he visto otra vez, y he muerto ahogada en la inexistencia absurda de una vida que no es la mía, pero sí es la mía, pero no es de nadie. Y te he odiado.
Pero después te he querido tanto que me ha hecho daño.

La primera vez que te vi eras un montón de palabras pausadas, y yo no era más que un mortal a cien años luz de tu casa. Ahora eres todas las cosas que brillan en mi vida, y te he puesto ese nombre aunque tengas la mirada más oscura del planeta, porque estoy cansada ya de sombras. 

Te veo cada maldito día, en todas partes, y sin embargo te echo de menos de la forma más desgarradora, porque por más que lo intente no logro existir para ti. Y cada vez que fracaso te vuelvo a odiar, y después te vuelvo a querer, pero al final nada cambia.

Estoy cansada de escribir mi historia de amor en primera persona del singular, de hablar de la vez que no te toqué, las veces que no me llevaste a las luces de tu cuidad encantada y la primera vez que no cometí contigo todos los pecados capitales a un tiempo.

Y si nada va a cambiar, si no vas a encontrar un minuto para dejarme existir, sólo me queda dejar de buscarte. 
Eso, y esperar a que un día despiertes y, sin razón aparente, me necesites más que a nada.